Ciudad y Playa de Ecuador: Visitando Guayaquil

Desde hace mucho tiempo me ha interesado conocer Sudamérica. Pero siempre me inclinaba por algún destino no muy conocido. Muchos hablan de conocer Brasil o Argentina. Pero, por alguna razón, no llaman mucho mi atención. Sin embargo Ecuador, por ser un país muy bien localizado, me da la idea de buen clima y mucho por descubrir. De todo el país me inclino por la ciudad de Guayaquil. Así que hago los preparativos, me tomo un tiempo libre del trabajo e inicio el viaje.  Una vez en la ciudad, percibo bastante calma. Los edificios no son muy altos. La gente anda con paciencia, sin atropellarse. Nada muy fuera de lo común. Disfruto de una caminata tranquila y vuelvo al hotel. El hospedaje no es muy ostentoso, y eso me agrada.  Hablo con el recepcionista un largo rato, ya que aparte de mí solo parecen haber tres personas más y no llega ninguna. Le pregunto por donde podría comenzar mí visita. Qué lugar turístico cercano existe. Me habla de la ciudad de Cuenca, cuyo atractivo principal son las catedrales. La idea me atrae y, después de almorzar, me dirijo a esa zona de la ciudad. Colonial sería la palabra para describir a Cuenca. A lo lejos, observo sobre los techos de las casas dos grandes cúpulas celestes. Ambas están rematadas por dos pequeñas torres. A primera vista parecen bastante simétricas, incluso hasta iguales. Pero si se observa con más detenimiento, reconoces las diferencias. Las ventanas de una son circulares, las de otras rectangulares y redondeadas en la parte superior; una cúpula es bastante estilizada, la otra un poco más ancha; y las cruces también son de diferente grosor. También se encuentra el Museo de la Concepción que funciona en un monasterio. Dentro hay una exhibición permanente de pinturas de artistas ecuatorianos, todas con motivos religiosos. Me topo con el frontis de otro monasterio. Es el de Carmen de la Asunción. El exterior esta laboriosamente tallado en piedra, con vitrales decorándolo. Dentro lo que más resalta es el altar de oro, con esta imagen me quedo en mente. Continuó transitando por la ciudad y pruebo algo de la comida local. Pruebo ceviche de mariscos en un restaurante tradicional. En una cafetería pruebo una humita y un café. El sabor de la humita es bastante curioso. La comida ecuatoriana, es bastante condimentada, pero  deliciosa. Una vez satisfecha, vuelvo al hotel para descansar un poco. Al día siguiente decido visitar las playas. No están muy lejos de la ciudad, así que llego temprano a pesar de usar el transporte público. Al mediodía el mar se ve espectacular. Tiene un color azul oscuro bastante relajante. La arena no es del todo blanca, pero esta bien. Me gusta que en la orilla los pobladores construyeran pequeñas cabañas donde descansar. También hay grandes piedras donde uno puede sentarse para ver el mar más de cerca. Cuando llega el atardecer el agua cambia a un color anaranjado y comienza a hacer frío. Afortunadamente vine con algo de abrigo. Me quedé contemplando el mar hasta casi entrada la noche.  Mi viaje no fue muy planeado. Hacer un viaje improvisado, esa fue mi idea en un principio. Por eso el hotel donde me aloje era bastante tradicional. Me gusto utilizar el transporte público para movilizarme, me hizo sentir “más en el país”. Mi primera impresión de Sudamérica fue bastante buena. Debe ser un continente maravilloso.
15/10/2007 18:30

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