Realmente la Habana Vieja
Recuerdo que una vez escuche una frase en particular que llamó mucho mi atención. No estoy segura si fue de Diego Maradona o de un cubano que pasaba por ahí y le hicieron una entrevista corta, pero de cualquier forma esta era: “En la isla el único que tiene un Mercedes es Fidel”. Bueno, hace unos meses pude comprobarlo. Al llegar a La Habana Vieja, quede impresionadísima por el estilo de las casas y lo angosto de las calles y también porque, en su mayoría, los carros que pasaban eran Volkswagens celestes, de esos que solo tienen dos puertas y tienes que hacer acrobacias para poder subir. En un principio iba a ir con mi amiga Karla para divertirnos un poco y cuidarnos entre las dos. Pero al final no me pudo acompañar, creo que se peleó con su enamorado y solo por este pequeño problema, tuve que irme totalmente sola a Cuba! Al comienzo estaba un poco asustada, pero una vez que llegas a tierra desconocida como que te calmas y no es muy grave. Lo primero que hice fue buscar un hotel y fue bastante grande mi sorpresa cuando me enteré que hay muchas casas particulares que brindan alojamiento y comida a un precio bastante razonable. Así fue como llegue a la casa de la señora Omara, una morena no muy alta pero bastante amable que vivía con su esposo, un señor ya entrado en años pero que no dejaba de tener un cigarro en las manos. Afortunadamente para fumar se sentaba en la puerta de entrada de la casa, en una silla que parecía hecha de paja y así pasaba las horas, fumando y mirando el callejón. La casa por sí misma era preciosa. Me dijeron que era estilo clásico colonial español. Estaba pintada de blanco, como la mayoría de casas en esta parte La Habana, con manchas pardas que el tiempo había puesto. La puerta de entrada era bastante alta y en la parte de arriba estaba decorada con un arco. Los balcones eran de madera tallada, y tan angostos que solo una persona a la vez podría asomarse por ellos. El espacio era reducido, pero la amabilidad con que me trataron compensaba todo, excepto el humo del cigarro, soy asmática. La hora del almuerzo era uno de los momentos del día que más esperaba, primero porque la señora cocinaba delicioso, la comida cubana es excelente: los tamales, los platanitos fritos, el arroz blanco con frijoles negros (creo se le dice “moros con cristianos”) y el cerdo asado, todo muy bueno. Y el momento era amenizado con la conversación de esta antigua pareja. Hablábamos de muchas cosas: de los lugares que tenía que conocer, del estilo de vida cubano, de música (aquí el señor insistía mucho en una anécdota en especial: la noche en que se acercó a Compay Segundo y compartieron un mismo habano), en fin, de todo un poco. Siempre después del almuerzo dormía un poco. Me despertaba, me daba un baño y salía a conocer la ciudad. La Habana Vieja esta llena de Plazas: La Plaza de Armas, que es la más antigua, la plaza de la catedral, la de San Francisco; todas bastante atractivas, hechas en su mayoría de piedra, acompañadas de piletas o casas que parecían pequeños palacios grises, incluso estaban decoradas también con estatuas de los presidentes anteriores a Castro, como es el caso de la plaza de Armas. Entre los lugares turísticos que llegue a visitar el que más disfrute fue la casa de José Martí, un acogedor recinto de color amarillo y techo verde donde nació el poeta y en el que hay una exhibición permanente de sus objetos personales y hasta de sus manuscritos. Es increíble como en una isla que no es muy grande, pero que tampoco es muy pequeña, existan tantos lugares por conocer. Solo parándote en el puerto y mirando hacia el centro de la ciudad sabes que esta llena de casas de estilo colonial y hasta de castillos, como el de los Tres Reyes del Morro, es como vivir un pequeño viaje en el tiempo. Y no puedo dejar de lado la cantidad de iglesias que hay dispersas por toda esa zona, los cubanos deben de ser bastante devotos. Por las noches salía a caminar. Las calles empedradas estaban alumbradas por la luz amarilla de los faroles. Había mucha gente circulando. Los bares abren a esa hora, y si lo hacen antes, no se nota mucho. Recuerdo haber entrado a uno en especial porque en la puerta había un hombre enrollando habanos, sin embargo, en el interior del local, no se percibía ni una pizca de humo. Me acerqué a la barra y pedí un mojito, siempre quise probar ese trago. Al instante el barman lo sirvió con una sonrisa en el rostro. Termine mi bebida. Conocí a algunas personas con las que hable mucho y luego regrese a casa de la señora Omara. La señora me esperaba siempre, se preocupaba mucho por mí. Es ese tipo de afecto que te hace sentir en casa. Tengo muy buenos recuerdos de mi viaje a Cuba. Siempre había algo nuevo que hacer, algún lugar para conocer. Pienso volver el año que viene. Aún me queda mucho por conocer de Cuba.
12/10/2007 21:33
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Autor: Fermin
Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1981 y el escritor cubano Alejo Carpentier llamó “la ciudad de las columnas”. Se trata de la Habana Vieja y como su nombre lo indica es el barrio más antiguo de la capital cubana.
El portal de Internet www.mejoresofertas-cuba.com (lanzado en julio de 2007) ofrece información no sólo de las blancas arenas y cálidas aguas de las casi 300 playas cubanas sino también de su cultura, para que el viajero pueda combinar aspectos recreativos con excursiones culturales y pueda diseñar su plan de viaje y provee las herramientas para encontrar las ofertas acordes para cada plan.
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saludos
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Fecha: 20/11/2007 14:23.