Arte milenario en Vietnam

Cuando uno piensa en Vietnam, por lo general la palabra guerra viene a la mente. En un principio a mi me pasó lo mismo. Verán, mi novio tuvo que hacer un viaje de negocios hacia ese país. Yo no quería que vaya solo, así que también compré un pasaje y él no pudo negarse a que lo acompañe. El sólo pensaba en el trabajo. Yo pensé que quizás podríamos hacer algo más. Seguro que tendrá algún tiempo libre, pensé. La verdad es que no lo planeamos mucho, y, como el lo dijo, los negocios consumieron casi todo el tiempo. Pero no me di por vencida. Los pocos días que tuvimos para relajarnos, la pasamos muy bien. Él no lo puede negar. En Hanoi, la capital, uno se siente abrumado por la cantidad de estilos que se puede encontrar. Puedes, por ejemplo, apreciar un templo de tradición china, una construcción de estilo francés y un inmenso rascacielos en la misma ciudad.  Las calles están llenas de personas. Los transportes más comunes son taxis y motocicletas. Nunca hay calma. El dinamismo no se detiene. La mezcla de tradiciones no solo está en la arquitectura, también en la gente misma. Puedes ver a un empresario con terno en el mismo restaurante donde come una mujer ataviada con el Ao Dais, que es un vestido ligeramente ceñido al cuerpo, con un cuello bastante cerrado decorado por una delgada franja de color rojo, negro o blanco en el borde. Lo más tradicional del vestir femenino en Vietnam.  En la capital se encuentra la Catedral de San José que, actualmente, es utilizada como el teatro municipal. Tuve la oportunidad de asistir a una ópera en la que se narraba una leyenda del país. Utilizaron una música muy sentimental, tanto que se me partió el corazón, mi novio no comprendía porque me había puesto tan triste y cuando se lo explique, soltó una carcajada. Yo no le di importancia. Al día siguiente, el último que nos quedaba para relajarnos, decidimos hacer una visita relámpago por la mayoría de lugares turísticos de Hanoi. Conocimos entre cuatro y seis templos. También el Mausoleo de Ho Chi Min, donde están guardados sus restos en una especie de sarcófago. El exterior de este lugar da vértigo. Para llegar a la puerta,  tienes que atravesar un camino de lozas rojas y luego dos conjuntos de escaleras divididas por un descanso. El frontis esta hecho de puro mármol. Es altísimo y se extiende hacia los lados. Está coronado por un sello en alto relieve de la hoz y el martillo y a un lado del complejo, flameaba la bandera de la Republica Popular China. Por ultimo, visitamos el Templo de la Literatura. Se siente un golpe de sabiduría milenaria al atravesar ese portal blanco de diseño chino clásico. En las columnas que soportan el portal, hay dos dragones laboriosamente tallados. En la parte superior se observan dos pequeños tejados de color rojo y encima, decoraciones de dragones en dorado, bastante puntiagudos.  Los jardines interiores están bien arreglados y cuidados. Los pobladores los transitan, en su mayoría vestidos con trajes tradicionales. Los ancianos portan una barba muy larga y blanca. Es como si el tiempo no hubiese pasado. Me gusta pensar que se veía más o menos así cuando, en el siglo XVII, se realizaban estudios sobre el arte de escribir y transmitía la sabiduría confuciana. Al salir me percato que en las bases de algunas paredes hay tortugas talladas en piedra. Pienso en esa teoría antigua. La que decía que el mundo estaba apoyado en cuatro tortugas. Probablemente era de procedencia China. En el viaje no tuvimos la clase de diversión nocturna. Tampoco hicimos un tour gastronómico. Por lo general comíamos en el hotel. Pero lo que aprendimos juntos de ese país fue inolvidable. Pronto volveremos, pero por los clubes.
18/10/2007 17:09

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