CUIDADO CON ITALIA
La noticia llega esta vez desde la vecina Francia con la modelo Carla Bruni y su último desnudo. Así como lo leen, la novia, querida o esposa del presidente francés Nicolás Sarkozy ha posado prácticamente desnuda para la revista DT, publicación que verá la luz en febrero y cuyas primeras fotos ya han trascendido mediante Internet. Digo que ha salido prácticamente desnuda porque solamente un par de botas y un anillo la separan de ese estado virginal que todos queremos ver. Carla Bruni había dejado hacía un tiempo su carrera de modelo para concentrarse en el canto, logró editar un par de discos, uno en su idioma francés natal y otro en inglés, logrando vender un par de millones de copias en continente europeo y, por supuesto, pasando desapercibida para las listas de interés norteamericanas. Sin embargo, a raíz de su romance con la primera figura política del país galo, creyó por conveniente relanzar su carrera de modelo y vaya momento en que lo hace, aprovechando al máximo su nueva posición. Sin duda la italiana es una femme fatal y Sarkozy ha caído redondito. Si se analiza, este romance tiene todas las características que rodean a una atracción fatal de este tipo. El presidente de Francia no se da cuenta de su investidura política y no tiene reparos en pasearse por todo lado con su pareja, terminó su anterior relación y en seguida empalmó con Carla Bruni, en cuestión de días. No será difícil verlos juntos en los viajes oficiales que deba realizar el presidente. La pregunta es, ¿cómo llegaron a coincidir para conocerse? Porque de hecho tuvo que haber sido durante el primer matrimonio del presidente, seguramente en un viaje que este realizó a Italia o un viaje que llevó a Carla Bruni hasta Francia. Estas cosas generalmente pasan en una cena o en una exposición de arte. Una mirada sostenida, un buen flechazo y listo, todas la paredes alrededor caen, si lo sabré yo que conocí de cerca el caso de mi amigo Gonzalo que terminó una relación de casi diez años para en seguida empatarse en otra con otro tenor.
El caso de Gonzalo no requirió de viajes o de una cena fastuosa ni el encuentro en una galería de arte de la alta sociedad. No. Estos temas de la pasión y de los affairs, suceden a todo nivel y Gonzalo fue uno de estos caseritos. Situémonos en contexto. Mi amigo Gonzalo es una persona que podemos llamar común, es decir, trabaja, paga sus cuentas y los fines de semana gusta de tomarse unos tragos y divertirse, es un gran comensal, gordito a decir verdad y, evidentemente, un restaurante pudo haberse convertido en el lugar donde fue cazado, pero no fue así tampoco. Mi amigo conoció hace muchos años a una simpática chica de rasgos asiáticos bien definidos, hija de japoneses pero afincados en España durante mucho tiempo, viajó cuando niña desde el lejano Oriente y se quedó a vivir en nuestro territorio, pese a tener la oportunidad de marchar de regreso al país del sol naciente. La verdad no recuerdo en que circunstancias conoció a Gonzalo, el hecho es que se hicieron pareja hace ya casi diez años como digo. En todo ese tiempo salíamos en parejas y todo marchaba de maravilla, sin embargo, hará unos dos o tres años, el fantasma del matrimonio empezó a rondar a Gonzalo y nosotros, los amigos, colaboramos bastante con aquel espectro. En efecto, los grupos de amigos que ya tienen tiempo de amistad y que han visto crecer junto a ella la vida de pareja de cada uno de sus componentes, se afanan en apurar a la pareja que tiene mayor tiempo relación. Casi siempre, somos los hombres los que más fastidiamos para que nuestro amigo se amarre en matrimonio lo más pronto posible, un poco por fastidiar y otro poco par sacudirnos nosotros mismos de aquel pesado fantasma que en uno u otro momento nos enfocará.
Entre broma y broma, Gonzalo y Heidi eran machacados para que se casaran pronto pero no sabíamos lo que se tejía detrás. Gonzalo no tenía la menor intención de casarse, mientras que la buena Heidi, le había entregado casi diez años de su vida con aquella sublime esperanza que tiene toda mujer, casarse, tener hijos y formar una familia feliz. Gonzalo, en ese sentido, es un tipo más independiente y no gusta de entrar en responsabilidades. Fue así que el Destino le echó un salvavidas e hizo que lo despidieran de su trabajo, pasó algunos meses buscando empleo sin éxito, hasta que ingresó a un nuevo laboratorio para hacer lo que sabía: la visita médica. Allí conoció a una compañera de trabajo que lo flechó y casi de inmediato puso punto final a su relación con Heidi y empalmó ipsofacto con Mirtha, curiosamente también de ascendencia italiana.
El caso de Gonzalo no requirió de viajes o de una cena fastuosa ni el encuentro en una galería de arte de la alta sociedad. No. Estos temas de la pasión y de los affairs, suceden a todo nivel y Gonzalo fue uno de estos caseritos. Situémonos en contexto. Mi amigo Gonzalo es una persona que podemos llamar común, es decir, trabaja, paga sus cuentas y los fines de semana gusta de tomarse unos tragos y divertirse, es un gran comensal, gordito a decir verdad y, evidentemente, un restaurante pudo haberse convertido en el lugar donde fue cazado, pero no fue así tampoco. Mi amigo conoció hace muchos años a una simpática chica de rasgos asiáticos bien definidos, hija de japoneses pero afincados en España durante mucho tiempo, viajó cuando niña desde el lejano Oriente y se quedó a vivir en nuestro territorio, pese a tener la oportunidad de marchar de regreso al país del sol naciente. La verdad no recuerdo en que circunstancias conoció a Gonzalo, el hecho es que se hicieron pareja hace ya casi diez años como digo. En todo ese tiempo salíamos en parejas y todo marchaba de maravilla, sin embargo, hará unos dos o tres años, el fantasma del matrimonio empezó a rondar a Gonzalo y nosotros, los amigos, colaboramos bastante con aquel espectro. En efecto, los grupos de amigos que ya tienen tiempo de amistad y que han visto crecer junto a ella la vida de pareja de cada uno de sus componentes, se afanan en apurar a la pareja que tiene mayor tiempo relación. Casi siempre, somos los hombres los que más fastidiamos para que nuestro amigo se amarre en matrimonio lo más pronto posible, un poco por fastidiar y otro poco par sacudirnos nosotros mismos de aquel pesado fantasma que en uno u otro momento nos enfocará.
Entre broma y broma, Gonzalo y Heidi eran machacados para que se casaran pronto pero no sabíamos lo que se tejía detrás. Gonzalo no tenía la menor intención de casarse, mientras que la buena Heidi, le había entregado casi diez años de su vida con aquella sublime esperanza que tiene toda mujer, casarse, tener hijos y formar una familia feliz. Gonzalo, en ese sentido, es un tipo más independiente y no gusta de entrar en responsabilidades. Fue así que el Destino le echó un salvavidas e hizo que lo despidieran de su trabajo, pasó algunos meses buscando empleo sin éxito, hasta que ingresó a un nuevo laboratorio para hacer lo que sabía: la visita médica. Allí conoció a una compañera de trabajo que lo flechó y casi de inmediato puso punto final a su relación con Heidi y empalmó ipsofacto con Mirtha, curiosamente también de ascendencia italiana.
22/01/2008 16:23 Autor: travel. Enlace permanente.