Los problemas de la temporada de viaje
Todos esperamos con ansias la temporada de vacaciones para emprender algún viaje y descansar de lo lindo en alguna playa o alguna localidad campestre lejos del bullicio de la ciudad, del trabajo y todos los ajetreos de la vida moderna. Escogemos con cuidado nuestro destino, hacemos las reservaciones y arreglos, preparamos nuestro equipaje y nos disponemos a salir al lugar donde todo nuestro stress y problemas paulatinamente desaparecerán. Si hemos de partir en avión, todo perfecto y rápido…pero si tenemos que dirigirnos en coche allí empiezan los problemas.
La temporada de viajes trae consigo grandes atascos en las carreteras que salen de nuestras ciudades. Por más que las autoridades toman las previsiones del caso para garantizarnos un fluido desplazamiento a los destinos vacacionales siempre nos encontraremos con problemas para llegar.
Un verano decidimos arrendar con unos compañeros de la universidad una casa de playa para poder disfrutar del sol y la arena sin los altos costos de un hospedaje. Elegimos una casa que pudiera albergarnos con comodidad a todos nosotros y a algún invitado que pudiéramos tener. Arreglamos el precio con el dueño y firmamos el contrato por toda la temporada de verano.
El primer fin de semana del verano nos repartimos las responsabilidades entre todos. Pedro se encargaría de los víveres, Jorge se encargaría de las bebidas, Alberto proporcionaría una televisión y un equipo de sonido para poder tener algo en que entretenernos si nos aburríamos de tendernos al sol y yo me encargaría de la vajilla y demás enseres necesarios para una estancia con ciertas comodidades. Pusimos todo en los coches de Alberto y Pedro y decidimos emprender viaje. Ni bien partimos comenzó la camaradería y empezamos a pasarla de lo mejor…hasta que llegamos a la autopista.
Hasta donde alcanzaba a ver el ojo, la autopista era un mar de coches inmóviles y bocinas estridentes. Nos tomó casi veinte minutos solamente entrar a la autopista. La policía hacía denodados esfuerzos por controlar y darle agilidad a la situación pero era en vano, eran demasiados coches para la capacidad de la autopista y el viaje de todos se iba a retrasar considerablemente. Avanzábamos a razón de cien metros cada diez minutos, la mayor parte de los cuáles los pasábamos inmóviles.
En eso, a alguien se le ocurrió una idea genial: encendió su equipo de sonido con uno de los hits del momento a todo volumen y corrió la capota de su coche. Se pusieron a tomar sol allí mismo sobre los asientos del coche, sacándole el máximo provecho al viaje. Al ver eso, mucha gente se contagió de ese espíritu libre y desenfadado y también se pusieron a disfrutar lo más que pudieran del viaje. Bajó la recurrencia de las bocinas y unos minutos después sólo se escuchaba la música que provenía del coche aquel.
Nosotros también nos relajamos, sacamos unos refrescos y nos dispusimos a sacarle partido a la autopista, que a final de cuentas también formaba parte de nuestro viaje.